Hace ya unos cuantos años escribía en este blog un artículo llamado "Hooligans" (podéis visitarlo aquí) en el que hablaba básicamente de cómo se pone de animal la gente cuando se hace una crítica (buena o mala) de un juego que aman (crítica negativa) o de un juego que detestan (crítica positiva).
Además, destacaba en mi escrito que normalmente los hooligans cabreados venían a mearse en tu propia casa con la careta puesta. Vamos, que dejaban comentarios desagradables o agresivos protegiéndose con el anonimato. Valientes hi*** d* p***.
Ayyyyyyyyyy (suspiro), ¡aquellos tiempos en que los blogs éramos alguien!
Ahora que los medios escritos somos zombies (eso dicen algunos), ya no debemos temer por hooligan alguno. Muerto el perro muerta la rabia.
Ahora que todo fluye gracias a las redes sociales y tenemos libertad de expresión a tutiplén, no debemos temer quejas, protestas, exabruptos ni descalificaciones ¿verdad que no?
Pues no. Los sufrimos más que nunca.
Los hooligans no han muerto, han mutado.
Antes no tenían otra que venir a vomitar su ira en tu propia casa.
Hoy sin embargo campan sin careta por el ancho de banda y ya no tienen que protegerse en el anonimato, ahora les da fuerza un pseudónimo y poder opinar desde el sofá de su casa.
Que escribes sobre un juego y hablas bien, sale uno diciendo que es una mierda.
Que hablas mal, aparece el "cuñao" de turno diciendo que eres un hater y que dejes vivir a la peña.
Que mencionas cualquier juego, aparecen los de siempre diciendo que todo es una mierda y que sólo es bueno lo que a él le gusta (yo a estos les preguntaría que dónde meten tanta amargura y que si tanta basura lúdica hay ¿por qué no cambian de afición?).
No os cuento nada que no sepáis.
Hace tiempo que quería escribir este post porque las redes me tienen algo agotado y hace unos días me ocurrió una anécdota que ha provocado que por fin me siente a escribir sobre la mutación de los hooligans.
Colgué en Twitter una foto de mi copia de Feudum junto a un tablero que me he imprimido, el cual no viene en la versión KS pero que ha publicado un usuario de la BGG para que podamos imprimirla. El tablero en cuestión es muy útil y sirve para contabilizar la influencia en los gremios. Sin él, contar dicha influencia se convierte en una auténtica pesadilla. En mi tuit comentaba que me parecía cutre tener que imprimir el tablero. Y la verdad es que sigo sin entender por qué en una campaña muchimillonaria como aquélla y en un juego tan probado como Feudum nadie se percató de ese error descomunal.
Tras varias respuestas amables de varios tuiteros recibí una respuesta muy agresiva que me decía que no mintiese, que ese tablero sí iba en la caja, que no desprestigiase a los pequeños creadores (!!??) y que de lo que debería hablar es de cómo me untaban para hablar bien de los juegos (?). Y me proponían hablar en privado más o menos. Tal cual.
Leí el tuit nada más recibirlo y por privado le pregunté al critter si tenía algún problema conmigo, que a mí no me untaba nadie (ojalá) y que le rogaba que si hablaba de comentar las cosas por privado primero no insultase en público. El tipo en cuestión borró su tuit ipso facto y me bloqueó. O_O
En definitiva, un día más en la vida del troll cavernario de las redes sociales.
Anécdota aparte la cuestión es que el tipo del otro día fue muy directo, pero eso no es lo habitual en redes. Lo normal es la gota malaya: tuiteas, doy la puntilla; dices algo, chiste incisivo; comentas, te ponen la banderilla. Y así hasta el infinito.
Y cuando te cabreas (y yo tengo el muelle flojo) "jiji, jaja" que no captas la ironía ni tienes sentido del humor.
Muchos dirán que es culpa mía. Que silenciar y bloquear todo es empezar. Pero ni así.
Los trolls han mutado y están ahí para quedarse. No hay silencio ni bloqueo que pueda pararles.
Además son trolls pero no lo parecen. Te dan la murga disfrazados de buen vecino. Con una sonrisa.
Y, aunque son minoría, agotan.
Otros también dirán, quizá con razón, que si tanto me cansan las redes sociales por qué sigo en ellas. Y sigo ahí porque creo que el blog las necesita para su difusión. La irritación es un precio que debo soportar (por ahora).
Me gustaría creer que unas redes sin mala leche son posibles.
Me gustaría creer que unas redes sin mala leche son posibles.




























